María Francisca Díaz-Carralero Rodelgo
- Asociación APROI
- 9 sept 2025
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En la historia de Manzanares, una figura destaca por su tenacidad y espíritu inquebrantable, hoy en #visibilizala María Francisca Díaz-Carralero Rodelgo, La Ciega de Manzanares.
Un logro contra la oscuridad
Fue invidente desde sus primeros días de vida, y se quedó huérfana a los diez años, al cuidado de su hermana. Esta difícil situación familiar hizo que tuviera que dedicarse a mendigar desde muy pequeña para ganarse la vida.
Aparte de pedir dinero, improvisaba versos que ella misma componía a los transeúntes
El logro más notable de María Francisca no fue un evento único, sino el desafío constante a las limitaciones que su ceguera le imponía. En una época donde las personas con discapacidades a menudo quedaban marginadas, ella se empeñó en desarrollar una vida plena. Se la recuerda por su memoria prodigiosa y por su habilidad para aprender a leer y escribir a pesar de su condición.
Aprendió Latín en la calle, junto a la ventana de una escuela de latinidad, escuchando las clases que impartía el maestro. Viendo este su interés, y percatado de las capacidades de su oyente, optó por hacerla pasar a sus clases, pero las abandonó por las humillaciones de los demás alumnos debido a su condición de mendiga Este logro es especialmente significativo en un tiempo en que la educación para las mujeres, y más aún para las personas ciegas, era sumamente escasa.
Se dice que su memoria era tan asombrosa que podía recitar textos completos y reconocer a las personas por sus voces sin dificultad alguna. Este talento le permitió interactuar con su comunidad de una manera que pocos esperaban, demostrando que la falta de un sentido podía ser compensada con el desarrollo extraordinario de otros.
Al improvisar los versos, apenas se han conservado algunas de las composiciones poéticas de Díaz-Carralero, que quedaron recogidas principalmente en la prensa, en cartas o concursos literarios... Hubo algún proyecto, como el de la poetisa Carolina Coronado, a la que había conocido en 1850, para publicar en un tomo sus mejores composiciones, pero éste nunca vio la luz.
La popularidad de Díaz-Carralero fue creciendo, ya no solo por quienes la conocieron personalmente sino, también, por las menciones que la prensa de la época hacía de ella. Algunos viajeros ilustres, como Alejandro Dumas, el filósofo inglés Willian George, el periodista y escritor español Modesto Lafuente o Juan Valera, dejaron constancia por escrito de haber conocido a "la ciega de Manzanares". Este reconocimiento la permitió viajar a diferentes lugares de España. Uno de sus viajes más importantes fue el que realizó a Madrid en 1850, donde asistió al Colegio Nacional de Sordomudos y Ciegos (fundado en 1842) donde aprendió, entre otras cosas, a reconocer las letras por el tacto y donde obtuvo excelentes notas. Allí la invitaron a participar en veladas literarias a las que asistían personas relevantes del mundo de la cultura y de la política y donde causó gran admiración con sus repentinas improvisaciones poéticas y su dominio del latín.
Fue tal el impacto que causó en sus oyentes que allí mismo firmaron una instancia para solicitar una pensión de beneficencia a la reina Isabel II. La reina se la concedió y por un año no tuvo que mendigar sus poemas por las calles. La admiración que causaban sus declamaciones, la llevó a viajar a otras ciudades como Granada, Córdoba y Sevilla,viajes que fueron seguidos de cerca por los periódicos del momento. A pesar de esta aparente buena fortuna y reconocimiento, continuó viviendo de la mendicidad hasta su muerte en Manzanares el 26 de julio de 1894 a los 75 años de edad.
El impacto en su comunidad
El impacto de La Ciega de Manzanares en su pueblo fue profundo y duradero. Su vida se convirtió en un símbolo de resiliencia y superación. Ella no era simplemente una persona con una discapacidad; era un miembro activo y respetado de su sociedad.
Su ejemplo ayudó a cambiar la percepción local sobre la ceguera y la discapacidad. Su historia alentó a otros a ver más allá de las limitaciones físicas y a reconocer el valor y la capacidad de cada individuo. La memoria de María Francisca Díaz-Carralero Rodelgo perdura en Manzanares como un recordatorio de que la verdadera luz viene del espíritu y que la fuerza interior puede iluminar cualquier camino.
Hoy, la Ciega de Manzanares es parte de la historia oral de la región, un nombre que evoca respeto y admiración. Aunque los detalles precisos de su vida pueden haberse desvanecido con el tiempo, su legado como un faro de esperanza y determinación sigue brillando.





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